Publicado el abril 12, 2024

El problema no es la falta de ‘habilidades blandas’, sino un conflicto de identidad: tu técnico estrella no sabe cómo dejar de ser el héroe que ejecuta para convertirse en el director que orquesta.

  • Promover al mejor técnico basándose solo en su rendimiento individual es la causa principal de la creación de malos jefes y equipos desmotivados.
  • La solución no es un curso genérico de liderazgo, sino un cambio de mentalidad sistémico: de ‘hacer’ a ‘hacer que hagan’.

Recomendación: Deja de premiar la excelencia técnica con la gestión de personas. Implementa un sistema de carrera dual que reconozca tanto a los expertos técnicos como a los líderes de equipo, permitiendo que cada uno aporte valor donde es realmente brillante.

Has visto el patrón una y otra vez. Tienes un técnico brillante, el que resuelve los problemas más complejos, el que siempre entrega a tiempo y con una calidad impecable. Es tu empleado estrella. Decides ascenderle a jefe de equipo, pensando que su magia se contagiará al resto. Y entonces, empieza el desastre. El equipo se desmotiva, la comunicación se rompe, los conflictos escalan y tu antiguo héroe se convierte en un micrománager tóxico, quemado y frustrado. Trabajas 12 horas al día para apagar los fuegos que él mismo genera y te preguntas: ¿qué ha salido mal?

La respuesta convencional, la que encontrarás en la mayoría de artículos, es que le faltan «habilidades blandas». Te dirán que necesita formación en comunicación, empatía y delegación. Y aunque algo de cierto hay en ello, es una visión superficial que no ataca la raíz del problema. Es como intentar arreglar una grieta en un muro con una capa de pintura. La verdadera causa es mucho más profunda y dolorosa: tu nuevo jefe de equipo está sufriendo un conflicto de identidad. Su valía, su estatus y su propia definición de «trabajo bien hecho» estaban ligados a su capacidad de ejecución individual. Ahora, en su nuevo rol, esas mismas fortalezas se han convertido en sus peores debilidades.

Este no es un fracaso personal, es un fracaso del sistema. Un sistema, muy común en la Pyme española, que solo conoce una vía de progresión: hacia arriba en el organigrama, asumiendo la gestión de personas como un premio inevitable en lugar de una vocación distinta. El resultado es que perdemos a un técnico excelente para ganar un líder mediocre. La clave no es «formar» a la fuerza, sino entender la transición de mentalidad necesaria para pasar de ser un experto que aporta valor a ser un multiplicador que orquesta el talento de otros.

En este análisis, desglosaremos las causas reales de este fracaso y te proporcionaremos un marco de actuación claro. Veremos cómo gestionar los síntomas más comunes —la falta de empatía, la comunicación deficiente o la incapacidad para priorizar—, pero siempre desde la óptica de resolver ese conflicto de identidad subyacente. Descubrirás estrategias concretas para transformar a tus mandos intermedios en verdaderos líderes o, más importante aún, para crear una estructura en tu empresa que evite que este problema vuelva a ocurrir.

¿Cómo gestionar a un empleado brillante pero con nula empatía hacia sus compañeros?

El técnico brillante que carece de empatía no es necesariamente una mala persona. Su comportamiento responde a una lógica interna forjada durante años: su valor reside en tener la respuesta correcta, en ser el más rápido, en resolver el puzzle técnico. Para él, las interacciones sociales no son parte del trabajo; son interrupciones que le desvían de su verdadera misión. Esta mentalidad, que le hizo destacar como individuo, es devastadora cuando lidera un equipo. Ve a sus compañeros no como talento a potenciar, sino como obstáculos o recursos de menor capacidad. No es un problema de maldad, sino de un conflicto de identidad no resuelto: sigue actuando como el «experto» en lugar del «multiplicador».

La situación es alarmantemente común. De hecho, no es un problema aislado de tu empresa; es sistémico. Un reciente estudio del IESE revela que el 86% de las empresas españolas identifican limitaciones en la capacidad ejecutiva y de liderazgo de sus mandos. Tu desafío es ayudar a este mando intermedio a redefinir su fuente de satisfacción. Su nuevo objetivo no es tener la mejor idea, sino crear el entorno donde las mejores ideas del equipo puedan surgir y prosperar. Se trata de un cambio radical: su éxito ya no se mide por lo que él produce, sino por lo que su equipo es capaz de lograr.

El primer paso es hacerle consciente de este cambio de paradigma. En lugar de decirle «sé más empático», conecta la empatía con resultados de negocio tangibles. Por ejemplo, puedes usar el caso de Satya Nadella en Microsoft. Él transformó la cultura de la empresa al priorizar la empatía no como un sentimiento, sino como una herramienta de negocio para entender profundamente las necesidades de los clientes. En este caso, los «clientes» de tu mando intermedio son los miembros de su propio equipo. Su trabajo es entender sus necesidades, frustraciones y motivaciones para desbloquear su máximo rendimiento. La empatía deja de ser una habilidad «blanda» y se convierte en una herramienta estratégica para la orquestación del talento.

Pasivo o agresivo: ¿cómo enseñar a tu equipo a decir «no» sin generar una guerra?

Un síntoma claro del técnico ascendido que lucha con su nueva identidad es su incapacidad para gestionar las peticiones, tanto las propias como las de su equipo. Esto se manifiesta en dos extremos tóxicos: el pasivo, que acepta todo por miedo al conflicto o por demostrar que «puede con todo», quemando a su equipo en el proceso; y el agresivo, que rechaza peticiones de forma cortante, generando resentimiento y rompiendo la colaboración entre departamentos. Ninguno de los dos comportamientos es sostenible. La clave, como señala EADA Business School, es que «un líder debe dominar la comunicación clara, la delegación eficiente, la resolución de conflictos». La asertividad es la piedra angular de esa comunicación.

Enseñar a tu nuevo mando intermedio a decir «no» de forma asertiva es enseñarle a proteger el recurso más valioso de su equipo: su tiempo y su foco. No se trata de negarse, sino de negociar. Es cambiar el «no» por un «sí, pero…» o un «ahora no es posible, pero ¿qué te parece si…?». Esta habilidad es fundamental para que él mismo pueda empezar a delegar eficazmente y, a su vez, para que enseñe a su equipo a defender su planificación sin crear hostilidad. Es una habilidad que se aprende y se practica, y que tiene un impacto directo en la productividad y el clima laboral.

Profesionales españoles practicando comunicación asertiva en un entorno de oficina mediterráneo

La forma de comunicar ese «no» debe adaptarse al interlocutor. No es lo mismo negociar una fecha de entrega con un cliente que con tu propio jefe. Proporcionarle un marco claro puede ser de gran ayuda para que interiorice los matices de la comunicación asertiva en el contexto de una Pyme española, donde las relaciones personales a menudo pesan más que los procesos formales.

La siguiente matriz ofrece fórmulas concretas para aplicar la asertividad según el contexto, ayudando a tu mando intermedio a pasar de una reacción instintiva (pasiva o agresiva) a una respuesta estratégica que protege a su equipo y al negocio.

Matriz de comunicación asertiva según el interlocutor en España
Interlocutor Fórmula de ‘No’ asertivo Riesgo evitado
Al jefe ‘Me encantaría ayudarte, pero tengo X proyecto prioritario. ¿Podríamos reajustar plazos?’ Sobrecarga sin visibilidad
Al compañero ‘Ahora mismo es imposible, pero ¿qué te parece si lo vemos mañana a primera hora?’ Conflicto interpersonal
Al cliente ‘Para garantizar la calidad que esperas, necesitaríamos X días más. ¿Te parece viable?’ Incumplimiento de expectativas

El error de confundir estar ocupado con ser productivo que quema a tus mandos intermedios

El técnico ascendido a líder a menudo cae en la trampa del «activismo heroico»: como su identidad sigue ligada a «hacer», llena sus días de tareas operativas. Responde emails al instante, se mete en cada detalle técnico y asiste a todas las reuniones. Se siente increíblemente ocupado y valioso, pero en realidad está fracasando en su nuevo rol. Esta confusión entre estar ocupado y ser productivo es una de las principales causas del agotamiento en los mandos intermedios. Mientras él es el «héroe» que apaga fuegos, nadie está pensando en la estrategia, desarrollando al equipo o mejorando los procesos. Está sacrificando lo importante por lo urgente.

Este ciclo de ocupación improductiva tiene consecuencias devastadoras. Genera un cuello de botella, desempodera al equipo (que espera a que el jefe decida o ejecute) y, finalmente, conduce al agotamiento tanto del mando como de sus colaboradores. Este agotamiento no es una anécdota, tiene un coste real y medible. El impacto del burnout se refleja directamente en cifras como la tasa de absentismo, que según datos de CEPYME para España, alcanzó el 6,5% de las horas pactadas a finales de 2023. Esto equivale a casi un millón y medio de personas que no acuden a su puesto cada día, una sangría de productividad que ninguna Pyme puede permitirse.

Para romper este ciclo, el nuevo mánager necesita una herramienta que le muestre visualmente la diferencia entre su trabajo anterior y el actual. Debe comprender que su «productividad» ya no se mide en tareas completadas, sino en el rendimiento y la autonomía de su equipo. Ayudarle a auditar su propio tiempo es la forma más eficaz de provocar el «clic» mental que necesita para iniciar su transformación.

Plan de acción: Auditoría de Tiempo del Mánager en 3 Categorías

  1. HACER (Tareas técnicas): Registra todas las horas dedicadas a trabajo operativo que podrías haber delegado. Esto incluye programar, diseñar, redactar informes técnicos, etc.
  2. GESTIONAR (Orquestar el equipo): Anota el tiempo invertido en reuniones 1-a-1, dar feedback, resolver conflictos, revisar el trabajo de otros, y mejorar procesos internos.
  3. LIDERAR (Pensar estratégicamente): Mide las horas que dedicas a la planificación a medio-largo plazo, a definir la visión del departamento, a formarte o a hablar con otros líderes para alinear objetivos.
  4. Análisis y confrontación: Compara tu reparto de tiempo real con el ideal: un líder eficaz debería dedicar un máximo del 20% a ‘Hacer’, y un 80% combinado a ‘Gestionar’ y ‘Liderar’.
  5. Plan de corrección: Identifica una tarea de la categoría ‘Hacer’ cada semana y crea un plan específico para delegarla, liberando así tiempo para tus verdaderas funciones de liderazgo.

PowerPoint o Historia: ¿cómo enseñar a tus ingenieros a vender sus ideas en público?

Otro de los grandes desafíos para un técnico promocionado es la comunicación con audiencias no técnicas, como el comité de dirección o el departamento de ventas. Acostumbrado a un entorno donde los datos y la lógica son el único lenguaje, su instinto es abrir un PowerPoint y ahogar a la audiencia en detalles técnicos, características y acrónimos. No entiende por qué los demás no ven la brillantez de su solución. El problema es que no está vendiendo una idea, simplemente la está describiendo. Le falta la capacidad de traducir las características técnicas en beneficios de negocio.

Aquí, de nuevo, el conflicto de identidad es la barrera. Él cree que la calidad de su trabajo técnico debería hablar por sí misma. En su mundo, los «adornos» narrativos son una pérdida de tiempo. Tu rol como coach es mostrarle que una «historia» no es un adorno, sino un puente. Es el vehículo que transporta una idea compleja desde la mente de un ingeniero a la mente de un director financiero o un cliente. Sin ese puente, la idea, por brillante que sea, no irá a ninguna parte. No se trata de simplificar hasta la estupidez, sino de conectar con lo que a la otra persona realmente le importa: ¿cómo me va a ayudar esto a vender más, a reducir costes o a evitar un riesgo?

Ingeniero técnico presentando con confianza ante directivos en una sala de reuniones española moderna

Una forma muy eficaz de enseñar esto a perfiles técnicos es usar una estructura que les resulte familiar. El método científico es un buen análogo. Una presentación de negocio puede seguir la misma lógica que un paper científico: problema, metodología, resultados y conclusiones. Esta estructura les da seguridad y les permite ordenar su discurso de una forma lógica pero orientada al negocio.

La siguiente tabla es una herramienta de «traducción simultánea» que puedes usar con tus mandos técnicos. Les ayuda a ver de forma concreta cómo convertir su lenguaje en un discurso que genera impacto en la toma de decisiones de una Pyme.

Traducción de características técnicas a beneficios de negocio
Lenguaje Técnico Traducción a Negocio Impacto en Pyme
API RESTful implementada Integración con software de facturación en 1 semana Cumplimiento ley antifraude sin inversión adicional
Migración a cloud AWS Reducción 40% costes infraestructura Ahorro de 15.000€/año en servidores
Automatización con Python Eliminación de 20h/semana de trabajo manual Un empleado puede dedicarse a tareas de valor

¿Cómo resolver conflictos entre departamentos sin que tenga que intervenir el CEO?

Cuando un técnico es ascendido, a menudo transporta las «guerras de trinchera» departamentales a su nuevo rol de gestión. Si Ventas siempre pedía «imposibles» a Desarrollo, ahora como jefe de Desarrollo, su reacción instintiva es levantar un muro defensivo. No ve el conflicto como un problema de negocio a resolver, sino como una batalla a ganar. Esta mentalidad de «nosotros contra ellos» es un veneno para cualquier organización, pero en una Pyme, donde la colaboración ágil es vital, puede ser letal. El CEO no puede permitirse ser el árbitro de cada disputa.

Este problema se agrava en el contexto actual del mercado laboral español. La escasez de talento hace que cada empleado sea más valioso y, a la vez, que los equipos estén más tensionados. Según el Informe Pyme 2024 del Consejo General de Economistas, un abrumador 62% de las Pymes españolas sufren la falta de personal cualificado, un aumento drástico comparado con el 3% de hace una década. Con equipos bajo presión, los roces se convierten en fracturas si no hay líderes intermedios capaces de mediar.

Tu mando intermedio debe cambiar su identidad de «defensor de mi equipo» a «solucionador de problemas del negocio». El objetivo no es que «su» departamento gane, sino que la empresa avance. Esto requiere, como destaca HACK A BOSS, que los líderes fomenten una cultura de aprendizaje y demuestren humildad. Deben ser capaces de sentar en una mesa a Marketing y a Tecnología y no preguntar «¿quién tiene razón?», sino «¿cuál es el objetivo común que ambos perseguimos y cómo podemos colaborar para alcanzarlo?». Este cambio de pregunta lo cambia todo. Requiere que el líder se eleve por encima de la disputa y adopte una visión global, una habilidad que no era necesaria en su rol técnico anterior.

¿Por qué tu negocio no crece más allá de los 300.000 € aunque trabajes 12 horas al día?

Si eres el dueño de una Pyme que trabaja sin descanso pero no consigue superar una barrera de facturación, es muy probable que te hayas convertido en el principal cuello de botella de tu propia empresa. Este estancamiento es un fenómeno tristemente común. El crecimiento de las empresas españolas es una asignatura pendiente, con claros límites a su desarrollo. Has llegado al límite de tu capacidad personal de ejecución. No importa cuántas horas trabajes; una sola persona no puede hacerlo todo. El crecimiento no vendrá de que tú trabajes más duro, sino de que construyas un sistema que funcione sin ti.

Este «techo de cristal» del emprendedor a menudo se debe a una incapacidad para delegar eficazmente, que a su vez nace de la misma raíz que el fracaso del técnico ascendido: un conflicto de identidad. Tú eras el mejor vendedor, el mejor técnico, el mejor estratega. Tu identidad está fusionada con la ejecución. Delegar se siente como una pérdida de control y calidad. El problema es que al no delegar, impides que otros crezcan y asuman responsabilidades, creando una cultura de dependencia. El coste de oportunidad de que tú estés apagando un fuego operativo es inmenso: nadie está pensando en el crecimiento estratégico del negocio. La alarmante desaparición de 39.456 microempresas en España en los últimos cinco años, según datos del Ministerio de Industria, es un crudo recordatorio de lo que sucede cuando el crecimiento se detiene.

La solución pasa por un proceso consciente y estructurado de delegación. No se trata de «soltar» tareas al azar, sino de construir un segundo nivel de liderazgo en el que puedas confiar. Y aquí es donde conectamos con el problema inicial: si para construir ese nivel asciendes a tus mejores técnicos sin prepararlos para el cambio de identidad, simplemente estás reemplazando un cuello de botella (tú) por varios cuellos de botella más pequeños y menos eficientes (tus nuevos mandos). Romper la barrera de los 300.000€ (o del millón, o de los cinco millones) requiere que tú, como líder principal, pases de ser el «solista» a ser el «director de orquesta». Tu principal producto ya no es tu servicio o mercancía, sino un equipo de líderes autónomos y eficaces.

Urgente vs. Importante: ¿cómo usar tus KPIs para decidir qué fuego apagar hoy?

La Matriz de Eisenhower (Urgente/Importante) es una herramienta clásica, pero para el mánager-técnico en pleno conflicto de identidad, es un verdadero espejo del alma. Cuando le pides que clasifique sus tareas, descubres que vive casi exclusivamente en el cuadrante de «Urgente e Importante». Son las crisis técnicas, las peticiones de última hora del cliente, los errores de producción. Se siente como un bombero, un héroe indispensable. El problema es que las tareas verdaderamente estratégicas de su nuevo rol —formar a su equipo, planificar a largo plazo, tener reuniones 1-a-1 de desarrollo— residen en el cuadrante de «Importante pero No Urgente». Y ese cuadrante está sistemáticamente vacío.

Esta herramienta visual le obliga a confrontar una dura realidad: al dedicar todo su tiempo a apagar fuegos, está garantizando que siempre habrá más fuegos que apagar. No está invirtiendo tiempo en construir un sistema a prueba de incendios. Al no formar a su equipo (Importante, No Urgente), se asegura de que seguirá siendo la única persona capaz de resolver los problemas complejos (Urgente, Importante). Es un ciclo que alimenta su ego de experto pero destruye su eficacia como líder y quema a su equipo.

Para que tu mando intermedio pueda usar esta matriz de forma efectiva, necesita KPIs que le ayuden a medir su desempeño en el cuadrante correcto. Sus viejos KPIs eran técnicos (tiempo de resolución, bugs corregidos). Sus nuevos KPIs deben ser de liderazgo. Por ejemplo, en lugar de medir su propia velocidad, podría medir el «Índice de autonomía del equipo» (el número de decisiones que el equipo toma sin consultarle) o el «Tiempo de respuesta a dudas del equipo». Estos nuevos indicadores le obligan a enfocar su energía en su verdadera función: ser un facilitador y no un ejecutor.

La siguiente tabla, adaptada a la realidad de un mando intermedio en una Pyme española, es una poderosa herramienta de diagnóstico. Muestra el reparto de tiempo típico de un mánager-técnico atrapado en el rol de «héroe» frente al reparto ideal de un verdadero líder.

Matriz de Eisenhower adaptada al mánager-técnico español
Cuadrante Tipo de tarea % Tiempo actual % Tiempo ideal
Urgente + Importante Crisis técnicas, deadlines cliente 60% 20%
No Urgente + Importante Formar equipo, planificar, 1-a-1s 10% 50%
Urgente + No Importante Reuniones imprevistas, emails 25% 20%
No Urgente + No Importante Tareas administrativas rutinarias 5% 10%

Puntos clave a recordar

  • El fracaso de un técnico ascendido no es por falta de capacidad, sino por un conflicto de identidad no resuelto entre su antiguo rol de ejecutor y su nuevo rol de líder.
  • La solución no es un curso genérico de «habilidades blandas», sino un cambio de mentalidad para pasar de «hacer» a «hacer que otros hagan».
  • Las Pymes necesitan crear sistemas que no fuercen a los mejores técnicos a ser mánagers, como una carrera dual que valore por igual la maestría técnica y el liderazgo de personas.

¿Cómo dirigir una Pyme en España sin ser esclavo de tu propio negocio las 24 horas?

Hemos llegado al corazón del problema. Si has seguido el hilo conductor de este análisis, te habrás dado cuenta de que el patrón se repite: tanto tú, como dueño de la Pyme, como tus mandos intermedios ascendidos, sois a menudo víctimas del mismo mal. Estáis atrapados en la identidad del «héroe ejecutor», y eso os convierte en esclavos de vuestros propios negocios y departamentos. La consecuencia final de este modelo es la insostenibilidad. Las cifras son desoladoras: según el último indicador de CEPYME, el número de Pymes que entraron en concurso de acreedores en España alcanzó un máximo histórico en 2024, con un aumento del 28,3% respecto al año anterior. Muchas de estas empresas no mueren por falta de un buen producto, sino por la incapacidad de construir una organización que escale más allá de sus fundadores.

La solución definitiva no es simplemente «arreglar» a los técnicos que fracasan como líderes. La solución es sistémica: dejar de usar la promoción a mánager como el único camino de reconocimiento y recompensa. Como bien resume un curso sobre liderazgo de la Universidad de Michigan, a menudo el trabajo en equipo es tan disfuncional que se obtiene un rendimiento inferior al que se lograría si las personas trabajaran solas. Forzar a un técnico brillante a liderar un equipo mal diseñado es una receta para el fracaso.

En la organización moderna, la mayor parte del trabajo se realiza en equipo, pero muchos están mal diseñados, plagados de conflictos disfuncionales, experimentan fallas de coordinación y serios desafíos de motivación. Como resultado, muchos equipos tienen un desempeño inferior incluso a las personas trabajando en tareas similares.

– University of Michigan, Curso de Liderazgo de Equipos

La estrategia más inteligente y sostenible es implementar un modelo de carrera dual. Este modelo crea dos caminos de progresión paralelos y con el mismo prestigio y recompensa económica: la vía del Experto Técnico y la vía del Líder de Equipo. El Experto Técnico Principal puede tener el mismo salario y estatus que un jefe de departamento, pero su responsabilidad es la innovación, la mentoría técnica y la resolución de los problemas más complejos. No gestiona personas. La vía del Líder de Equipo es para aquellos que tienen una vocación y habilidad genuinas para la orquestación de talento. Al ofrecer ambas opciones, retienes a tu mejor talento técnico sin forzarlo a un rol para el que no está preparado y que probablemente odiará, y te aseguras de que solo las personas adecuadas lideren a tus equipos. Es la única forma de romper el ciclo, dejar de ser un esclavo de tu negocio y construir una empresa verdaderamente autónoma y escalable.

Para transformar a tus mandos intermedios y liberar el potencial de tu Pyme, el primer paso es rediseñar su camino al éxito. Empieza hoy a evaluar cómo podrías implementar un sistema de carrera dual en tu organización y asegura que cada persona pueda brillar donde realmente aporta un valor extraordinario.

Escrito por Lucía Garrido, Psicóloga Organizacional y Consultora de RRHH experta en gestión del talento, liderazgo y cultura corporativa en entornos de alto rendimiento. Especialista en resolver conflictos y profesionalizar equipos.